El pelotón del Giro afrontará a partir de hoy 10.505 metros de desnivel entre Alpes y Dolomitas, 14 puertos divididos en las tres próximas etapas. Tres jornadas de grandísima montaña, con tres finales en alto tremendos que determinarán quién conserva sus aspiraciones a la victoria en Milán.
El primer coloso será hoy el Grossglockner (El Gran Campanario, en alemán), la cumbre más alta de Austria (3.798 metros), aunque se acaba más abajo (2.137 m). A sus pies se halla el Glaciar Pasterze, el más grande de la cordillera alpina. El asfalto no tiene nada que ver con el del Monte Crostis: es como una autopista
Alberto Contador llega a la parte decisiva del Giro como sólido líder de la carrera (a pesar de que intentó ceder la maglia rosa tras conquistarla en el Etna), con una buena renta sobre sus rivales directos: Nibali marcha a 1:21; Scarponi, a 1:28; Arroyo, a 1:37; Kreuziger, a 1:41; y Antón, a 2:21. Menchov y Purito Rodríguez se encuentran a más de tres minutos. Dependerá de la situación si me defiendo o ataco, lo que me dicte el corazón. Sin embargo, el Grossglockner supondrá únicamente el aperitivo para el infierno que vendrá en el Crostis, Zoncolan y Gardeccia", analiza el Pistolero de Pinto.
El madrileño y su mánager, Biarne Riis, sólo exteriorizan preocupación por el descenso del Crostis: "Resultará un poco caótico, los vehículos no podrán bajar y, en definitiva, existe mucha incertidumbre. Una simple avería puede provocar que pierdas el tren del Giro. Si se realiza, no hay problema, pero si no se cumplen los requisitos necesarios no se deben incluir este tipo de cosas en el recorrido".
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